Alzheimer: Cuestiones legales

La llegada del Alzheimer a la familia no solo provoca un impacto emocional significativo, sino que también plantea importantes decisiones legales. Por ello, resulta fundamental que toda la familia se prepare para comprender, apoyar y convivir en cada etapa de la enfermedad. Sin embargo, existe un aspecto esencial que a menudo requiere una acción temprana, mientras el paciente aún conserva un nivel aceptable de juicio: la incapacitación legal. En efecto, desde las fases iniciales y, de forma más acentuada con el avance del deterioro cognitivo, la persona con Alzheimer puede perder el control de su patrimonio, volviéndose vulnerable a estafas y otros tipos de delitos. Dinero, joyas, descuidos… innumerables situaciones que, lamentablemente, las familias descubren demasiado tarde. En esta página te presentaremos algunas cuestiones legales del Alzheimer, para poder afrontar este proceso con una seguridad jurídica total y evitar problemas en el futuro.
Alzheimer: Cuestiones legales

Por suerte, disponemos de diversas cuestiones legales del Alzheimer de gran utilidad para que podamos decidir anticipadamente, antes de que una enfermedad o accidente afecte nuestra capacidad de juicio, quién y cómo queremos que nos cuide, así como la gestión de nuestro patrimonio. En este sentido, es altamente recomendable considerar la delegación de voluntades antes de la aparición de los síntomas del Alzheimer o, a más tardar, ante los primeros indicios de pérdida de memoria. Abordar estas cuestiones legales a tiempo puede prevenir futuros problemas y asegurar la protección del ser querido y su patrimonio.


Ante cualquier cuestión legal del Alzheimer, es fundamental acudir a un notario. Estos profesionales del derecho, a la vez que funcionarios públicos independientes, trabajan para ofrecer seguridad jurídica preventiva. De esta manera, el notario te asesorará gratuitamente, adaptándose a tus circunstancias y necesidades específicas, y asegurando que todos los trámites cumplan con la legalidad vigente. Precisamente el notario es la persona indicada para explicar detalladamente las diversas herramientas que brevemente presentaremos a continuación.

Herramientas legales de protección para personas con Alzheimer

La legislación contempla diferentes fórmulas legales con el objetivo de garantizar el cumplimiento de la voluntad de aquellas personas que, en el futuro, podrían ver anulada su capacidad de manifestarla. Con este fin, ponemos a tu disposición cuatro herramientas jurídicas de gran utilidad para personas con Alzheimer

El poder general preventivo

El poder general preventivo permite designar a la persona que actuará en nuestro nombre para gestionar nuestros intereses, como el patrimonio. Sin embargo, es crucial recordar que este trámite debe realizarse antes de que la persona pierda su capacidad de decisión.

De esta forma, este poder supone un gran alivio para el cuidador, simplificando de manera considerable las gestiones, reduciendo los costes de representación jurídica y ofreciendo una valiosa ayuda en caso de que la discapacidad del enfermo aparezca de forma inesperada.

La autotutela

La autotutela se presenta como un documento fundamental para designar anticipadamente a la persona que queremos que se ocupe de nosotros y de nuestro patrimonio, en el supuesto de que un juez declare nuestra incapacidad. Al tratarse de una decisión tomada directamente por la persona afectada antes de la manifestación de la enfermedad, se evitan posibles conflictos familiares. En definitiva, será la propia persona quien habrá determinado quién puede brindarle la atención necesaria durante todo el proceso de su enfermedad.

El testamento vital

El documento de voluntades anticipadas, también denominado como «testamento vital», constituye un instrumento jurídico crucial en la etapa final de la vida, ya que evita situaciones innecesarias que podrían generar mayor sufrimiento. En esencia, este documento permite a la persona tomar decisiones anticipadas sobre si aceptar o rechazar determinados procedimientos terapéuticos específicos en el futuro. Además, resulta útil para designar a un interlocutor válido ante el personal médico en caso de que ya no podamos expresar nuestra voluntad por nosotros mismos.

El testamento

El testamento es, sin duda, la herramienta jurídica más conocida para decidir el destino de nuestros bienes materiales. Por ello, es esencial realizar testamento antes de que surja cualquier enfermedad o accidente. De esta manera, podremos decidir el destino de nuestro patrimonio, evitando que sea la ley quien lo decida por nosotros. No obstante, es importante tener en cuenta que si el testamento se otorga cuando la enfermedad ya está en un estado avanzado, podría darse la situación de ser declarado sin validez, con el fin de protegernos ante posibles «herederos sibilinos». En consecuencia, si deseamos que nuestras últimas voluntades se respeten, lo más aconsejable es elaborarlo cuanto antes y no dar tiempo a que la patología avance.

La incapacidad legal

En caso de carecer de testamento o poder general preventivo y cuando la enfermedad de Alzheimer alcanza una fase de alto riesgo para la gestión de la vida y el patrimonio del afectado debido a su incapacidad para tomar decisiones, el Código Civil contempla la figura de la incapacitación legal.

En estos casos, el procedimiento consiste en acudir a un Juez, presentando al paciente, el diagnóstico médico e incluso evidencias de descontrol (especialmente relevante cuando el enfermo no reconoce su estado). De esta manera, una vez declarada la incapacidad legal, se podrá designar a un tutor, quien tendrá la responsabilidad y la obligación de velar por los derechos y el bienestar del enfermo de Alzheimer.

¿Quién puede solicitar la incapacitación judicial de una persona con Alzheimer?

Cuando resulta necesario solicitar la incapacitación judicial de una persona enferma, bien sea a causa del Alzheimer o por haber sufrido cualquier otro proceso o accidente, es debido a que dicha persona ya no puede llevar a cabo ningún trámite de forma autónoma e independiente.

En este sentido, la legitimación para iniciar la petición de incapacitación judicial recae en el cónyuge o los descendientes (hijos o nietos), ascendientes (padres o abuelos) o hermanos. En otros supuestos, y en caso de necesidad, también puede instar este procedimiento el Ministerio Fiscal.

¿Cuándo se puede iniciar la petición de incapacitación judicial?

La petición de incapacitación judicial puede solicitarse en cualquier momento en que la capacidad de la persona enferma para tomar decisiones esté gravemente comprometida. Siempre y cuando no se hayan formalizado poderes preventivos o una autotutela previamente, mecanismos legales que precisamente tienen como objetivo evitar llegar a esta situación.

Por lo tanto, si la familia se siente desprotegida en la toma de decisiones sobre el enfermo, es recomendable recurrir a la incapacitación. A través de un procedimiento judicial, el juez determinará quién será el tutor de la persona enferma. En esta misma sentencia judicial se especificarán el alcance y los límites de la incapacitación.

¿Es complicado?

La incapacitación judicial de personas con Alzheimer es un proceso complejo, tanto desde el punto de vista emocional como económico. No obstante, representa la última alternativa legal para que los familiares puedan proteger al paciente de sus propias decisiones en aspectos cotidianos, como la gestión de sus finanzas o la toma de decisiones médicas. También resulta crucial en situaciones más excepcionales, como la compraventa de bienes o la administración de depósitos bancarios.

En cualquier caso, es importante destacar que el tutor designado permanece siempre bajo la supervisión del fiscal y el control del juez, a quien debe rendir cuentas anualmente acerca de las decisiones tomadas en beneficio del tutelado.

¿Cuánto cuesta la incapacitación judicial y dónde se debe solicitar?

La solicitud de incapacitación judicial debe presentarse ante un juez, lo que representa un coste económico considerable, que puede oscilar entre los 1.000 y los 2.000 euros, aproximadamente.

Por esta razón, resulta crucial que, tras el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer y mientras el enfermo conserve su capacidad, se realicen todas las gestiones pertinentes para no tener que recurrir a la incapacitación judicial. Además de su coste, este proceso puede resultar especialmente doloroso al exponer al enfermo a la evidencia de su discapacidad, especialmente cuando aún mantiene un alto nivel de conciencia o incluso no ha asimilado aún completamente su estado.