UNA HISTORIA MUY ESPECIAL

“Desde mi pretil, mientras el tiempo avanza nevando en canas mi cuerpo, allí mi pueblo, Huerta de Rey, se desvela insaciable. De frente su gente, detrás la casa azul, y al otro lado Estambul y todo lo demás.

Insaciable de risas, ternura,  ilusión, echar de menos, querer recordar, esperar, volver. Nunca querer olvidar.

Claro está que entre las costumbres de mi pueblo está la de patrullar en grupo. A las piscinas, a misa o a los arcos, al café, pero en grupo.

Caldo de cultivo éste el idóneo para los cuchicheos de calidad y los chascarrillos de lujo. Palabras y expresiones originales y graciosas hasta el extremo y más allá. Sobre ello voy a escribir. Creo.

Me enamora la ausencia de malicia.

El orgullo de pertenecer a una familia a la que también pertenecía mi abuelo Pedro es imposible de definir. Tanto que desde que murió no me han sangrado las palabras necesarias para escribir algo sobre él, pese a las continuas insistencias de mi madre.

Aquellos que me conocen saben que el abuelo era el pilar de mi vida. Me lo dio todo.

Lo que soy es por él. Y por mi abuela, por supuesto. Cada cual aportó lo que pudo dar, sin duda. Y cada cual aguantó su vela. Pero mi abuelo, y le pido perdón a ella por contarlo, sustentaba cada una de las paredes de cada estancia de cada planta de mi alma. Forjando el más fuerte de los cimientos.

Tuvo además la generosidad infinita de, antes de irse, apuntalar los muros que sabía iban a tambalearse, y de cerrar la puerta al salir con varias vueltas de llave, para mantener seguro todo lo que había dejado allí. Por ello, abuelo mío, te vuelvo a dar las gracias, como tantas veces ya hice, de palabra y de obra. Sin omisión ninguna. Declarándote mi amor incondicional siempre que me fue posible y llorando tu ausencia anunciada, mucho antes de que dejaras de darme tu sombra y cobijo.

Además debo agradecerle a Dios o al apoderado nombrado al efecto, ya sea el destino, la suerte o la providencia, que me dotaran de la suficiente lucidez para darme cuenta de que mi vida y mi ser dependían de él, por lo que pude devolverle una parte de toda aquella ternura, justo cuando más falta le hizo. Que fue, que yo sepa, durante los 39 años que duró nuestra amistad. Nunca hubo fortuna mayor.

Ahora, todos los que me leen quizás no sepan con exactitud cómo fue mi abuelo, pero no hace falta ver los ríos que antaño surcaban nuestras tierras. Basta con observar los enormes cañones y valles que han dejado atrás ya para siempre. Esta soy yo. Y no otra.

Me doy cuenta de que por fin las musas han abierto esta herida que no quería sangrar. Ahora ya puedo seguir por estos derroteros por donde iba yo caminando con mi cestillo de setas.

Encendamos las luces, enjuguemos nuestras lágrimas, atusemos nuestros bigotes o mesemos nuestras barbas. Cada uno lo que le toque. Que la vida sigue, con su flauta y su guadaña.

Merece libros y libros mi difunda tía Sinfo, que Dios la tendrá en su Gloria fijo, aunque sólo sea para reírse un rato.

Mujer ésta de carácter. De apariencia férrea. Diría yo que hasta con cierta pose británica. De puro digna. El símil que me viene a la mente cuando la recuerdo, con todo el respeto, es el de un cocido de garbanzos con lacasitos. Sublime imagen casi regia con expresiones que podrían hacer que cayeras al suelo de risa. Que venía con prisa? Ella lo llamaba “a galope tendido”. Que se fijaba en tu abrigo nuevo? Ella decía “buen género, eh?”. Con esa manera de hablar medio de reojo que sólo tienen aquellos que fueron tocados con la listura de verdad. Siempre dispuesta, siempre amable. Una mujer de los pies a la cabeza. Sin intermedios. Respetabilísima.

Apenas conocí a mi tío Alejandro, hermano de la sublime tía Sinfo y del añorado abuelo, así que me ha llevado una no muy ardua investigación saber algunos detalles sobre él. Porque notoria era su generosidad. Su bondad. Y que siempre llevaba tirantes. De fuerte carácter, un poco como todos. Llevó su larga enfermedad con toda la resignación del mundo. Amadísimo también por sus hijos. Dice mi prima Solete que mi abuelo y él fueron cortados por el mismo patrón. Así que el tío Alejandro debió de ser una gran persona. Para mi, desde hoy será el bondadoso tío Alejandro.

Tampoco recuerdo a mi tía Casilda, hermana a su vez de la sublime tía Sinfo, del añorado abuelo y del bondadoso tío Alejandro. Para ella todo siempre estaba bien. Sin ser conformista, siempre veía lo bonito de la vida. Se podría decir que la tía Casilda “pensaba en contento”. Allí donde iba dejaba un recuerdo dulce. Sería porque era golosona y el azúcar le salía por todos los poros. Mucha gente la recuerda por la alegre tía Casilda.

Vivo en San Sebastián, sin duda una ciudad que más que pensar, te hace sentir. Una ciudad donde por mucha prisa que tengas siempre paseas. Donde el tiempo no pasa, se posa. Y donde cada segundo que la miras es un momento imborrable.

Aquí tengo la suerte de vivir cerca de mi prima Carmen, la hija de mi tío Goyo, apodado “Chispas”, y de mi tía Alejandra. Otra hermana de la sublime tía Sinfo, del añorado abuelo, del bondadoso tío Alejando y de la alegre tía Casilda. Todos los jueves quedamos a tomar un cafelito en el centro. No vamos en patrulla porque sólo somos dos pero la intención es la misma.

Cada jueves nos ponemos al día de las cosas del pueblo y a menudo nos morimos de ternura, de risa o de morriña recordando mil y una historias de nuestra gente.

Por ahora solo he hablado de los hermanos fallecidos, más que nada porque así no pueden defenderse y si en algo me equivoco o no he sido precisa del todo siempre puedo acudir a eso de “a mi así me lo dijo”.

Mi sexto sentido me dice que allá en el cielo hay bancos, de los de sentarse. Como el que hay en la plaza, ante la puerta del Ayuntamiento. De no ser así no le vería sentido al paraíso. Imagino a los 4 hermanos sentados allí. Sin hablar, pero contándoselo todo. Con ese profundo cariño que se tuvieron siempre. Sin rencillas ni resquemores. Con esa pureza del alma que yo solo he visto en esta estirpe de cuya sangre tan honrada me siento. Esperando sin esperar la llegada del siguiente. Haciendo un hueco. Que ojalá tarde. Que hay personas que por muy tarde que nos dejen, siempre nos dejan demasiado pronto. “

HUERTA DE REY

Mi pueblo es Huerta de Rey, en Burgos. Famoso por ostentar el Récord Guiness de los Nombres Raros. Famoso también, aunque menos, porque creo que es el pueblo más afortunado del mundo. Ha tocado El Gordo de la Lotería varias veces en pocos años. Por lo que hay mucha gente a quien le ha tocado incluso 3 o 4 veces. A mi nunca, he de decir. Ya me tocó siendo de donde soy.

 Además es un pueblo donde el buen humor, la guasa, la broma y el buen rollo campan a sus anchas.

Hace pocos días Huerta de Rey fue portada en el periódico El Mundo. Y para mi fue una magnífica noticia porque, por un día, las penas no se adueñaban del podio del diario, sino la simpatía que es ya famosa del pueblo de mis abuelos. Aquí les dejo el link del artículo en cuestión. Hay un video, y en él unos cuantos son de mi familia. Que lo disfruten.